El informe 'Estado de la Biodiversidad de Doñana 2025' del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) revela que las precipitaciones del año pasado otorgaron un respiro significativo a este enclave natural. Aunque la marisma experimentó una revitalización notable, subsisten desafíos estructurales a largo plazo que demandan atención continua. La investigación subraya la necesidad de abordar de forma integral las amenazas que persisten en el ecosistema para garantizar su viabilidad futura.
Los hallazgos del programa de monitoreo de la Estación Biológica de Doñana demuestran que el aumento excepcional del nivel de agua en la marisma durante el ejercicio anterior favoreció la flora y la fauna. Se observó un incremento en la reproducción de aves, anfibios e insectos acuáticos, lo que indica una respuesta positiva del ecosistema a las condiciones hidrológicas favorables. Sin embargo, los datos también señalan la persistencia de problemas arraigados, como la escasez de lagunas con agua, la declinación de especies nativas y la influencia negativa de especies introducidas, conforme a la información proporcionada por el CSIC.
Eloy Revilla, director de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), explicó en una conferencia de prensa en Sevilla que “el agua de este año y del anterior ha estabilizado Doñana, que se encontraba en una trayectoria descendente durante la última década en múltiples indicadores, no solo en las especies dependientes del agua”. Revilla manifestó su optimismo cauteloso, señalando que, aunque la recuperación es lenta, el acuífero ha dejado de deteriorarse y ha comenzado un proceso de mejora. Destacó que las lluvias han sido muy beneficiosas para Doñana, con la marisma inundada en un 90% de su superficie y con un continuo aporte de agua.
La información recopilada por la Infraestructura Científica y Técnica Singular Reserva Biológica de Doñana (ICTS-Doñana) confirma que el sitio natural mantiene un inmenso valor ecológico. Sin embargo, también presenta un panorama complejo, con indicios prometedores coexistiendo con señales de preocupación. Las lluvias sugieren una trayectoria positiva para Doñana, aunque persisten problemas significativos que requieren un esfuerzo sostenido a largo plazo y no pueden ser resueltos con uno o dos años de precipitaciones abundantes.
Según el CSIC, Doñana sufrió más de una década de lluvias por debajo del promedio, con una sequía severa en 2022 y 2023. El ciclo hidrológico 2024-2025, no obstante, registró un total de 675 litros de precipitación, superando la media histórica de 530 litros. Más allá de la cantidad total, la distribución de las lluvias a lo largo del año fue crucial. Las precipitaciones se concentraron intensamente en períodos cortos, especialmente en marzo, cuando se acumularon 287.2 litros, el 42.6% del total anual. Estas lluvias provocaron crecidas en los arroyos que nutren la marisma, resultando en una inundación excepcional que alcanzó casi el 100% en marzo de 2025, un evento no visto desde 2010. La marisma permaneció inundada durante 157 días, casi el doble de la media histórica de 79 días, lo que convierte a este ciclo en uno de los más prolongados desde 1984. El análisis de la vegetación y el entorno en la Reserva Biológica de Doñana muestra una marisma con mayor vitalidad vegetal y más del doble de productividad que el año anterior.
A pesar de la mejora generalizada en la marisma, la situación excepcional no se replicó en el sistema de lagunas. Estas, que dependen en gran medida del estado del acuífero más que del agua superficial, solo vieron el 36% de sus superficies inundadas, lo que indica una recuperación insuficiente del acuífero. No obstante, las lagunas peridunares, que son las más grandes de Doñana (Santa Olalla, Sopetón y Dulce), mantuvieron agua durante una parte considerable del ciclo hidrológico. Los datos del último año resaltan el valor extraordinario de Doñana para la conservación de la biodiversidad y los avances registrados en 2025, como la inundación excepcional de la marisma y la mejora en ciertas especies. Sin embargo, Doñana sigue enfrentando retos estructurales de gran envergadura. La limitada inundación de las lagunas, el declive de algunas especies autóctonas y la propagación de especies invasoras, entre otros factores, ponen de manifiesto la fragilidad del ecosistema. Para los investigadores, los datos recientes son esperanzadores, pero asegurar el valor ecológico de Doñana exigirá acciones continuas y coordinadas que aborden estos retos de forma integral.